¿EN QUÉ CONSISTE DONAR UN RIÑÓN EN VIDA?

Las principales funciones de los riñones son extraer de la sangre los productos de desecho y eliminar el exceso de líquido en forma de orina. Cuando los riñones de una persona no son capaces de realizar adecuadamente estas funciones de manera irreversible se dice que la persona sufre una insuficiencia renal crónica. En el momento que una persona sufre una insuficiencia renal crónica es necesario iniciar un tratamiento que sustituya las funciones que los riñones ya no pueden hacer. Esta sustitución se puede realizar mediante aparatos médicos externos (diálisis) o cambiando el riñón que no funciona por otro riñón sano (trasplante renal).

En la actualidad, el trasplante renal es el mejor tratamiento disponible para la insuficiencia renal crónica. Para poder realizar un trasplante renal, es necesario obtener la donación de un riñón de un donante fallecido o de un donante vivo. La intervención quirúrgica en la que se extrae un riñón se denomina nefrectomía. Cuando a una persona sana se le extrae uno de los dos riñones, el riñón que queda puede asumir parcialmente la función que realizaba el órgano extraído.

Como cualquier otra intervención quirúrgica, este tipo de cirugía también tiene riesgos. El más grave de ellos, el fallecimiento del donante, se estima en 3 de cada 10.000 casos.  Existen otras posibles complicaciones menos peligrosas, aunque más frecuentes (15-40 casos de cada 100) como, por ejemplo, la infección del sistema urinario, la infección de la herida, la neumonía, la depresión, la trombosis venosa o las reacciones alérgicas. De entre todas ellas, la más común es el dolor post-cirugía.

El donante renal en vida debe ser mayor de 18 años. Una cuidadosa evaluación médica y psicológica debe garantizar que el donante esté físicamente sano y en pleno uso de sus facultades mentales. Asimismo, el donante vivo debe mantener una voluntad firme de donar su riñón tras haber sido adecuadamente informado de los beneficios y los riesgos del proceso de donación.

Un reciente estudio español realizado en varios centros de trasplante (“Impacto psicosocial del proceso de donación en el donante vivo de órganos para trasplante”) y cofinanciado por el Instituto Carlos III (Estudio FIS PI10/00949), mostró que el motivo más frecuente para donar un riñón es aliviar el sufrimiento del receptor y ayudar a salvar su vida. Tras la donación, los donantes renales en vida suelen sentirse muy satisfechos (9.5 sobre 10 puntos) con el proceso y el resultado obtenido, y su calidad de vida no suele verse afectada por la donación. La gran mayoría de los donantes de riñón (99%) recomienda la donación en vida y considera que su recuperación es completa (9.4 sobre 10 puntos).

Si desea obtener más información sobre quién puede ser donante renal en vida, cuáles son los riesgos que asume el donante de riñón, o qué opinan los donantes después de haber donado, puede consultar el enlace https://issuu.com/lidobs/docs/guia-renal-2015 o http://eulivingdonor.eu/fis10.

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